En
la salvia encontramos un aceite esencial, rico en tuyona, cineol
y borneol. También aparecen materias tánicas y sustancias
amargas, resinas, fécula, albuminoides, ácido fosfórico
y en la raíz se ha encontrado algo de asparagina.
En la medicina popular esta planta ha sido muy empleada para tratar
trastornos gástricos, calambres, timpanitis y diarrea.
La esencia tiene una acción antiséptica, eupéptica
y antisudoral; desde siempre se le ha reconocido su eficacia para
evitar o disminuir los sudores nocturnos de los que padecen fiebre.
Otra acción que se le reconoce es que normaliza las funciones
menstruales en la mujer. Y asimismo se asegura que reduce significativamente
el nivel de azúcar en sangre, por lo que se utiliza como
hipoglucemiante.
A nivel externo se dice que es astringente, por la presencia de
taninos, siendo un buen antiséptico y cicatrizante.
No olvidemos que con las esencias hay que tomar siempre precauciones;
así que no se debe abusar de la planta ya que en dosis elevadas
puede resultar neurotóxica y convulsionante; también
puede producir irritaciones cutáneas.
En general, el uso de toda la planta está contraindicado
en lactantes y personas con insuficiencia renal.
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