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Es muy similar
a la mejorana, aunque, a diferencia de esta, suele crecer silvestre.
Es oriundo de Oriente Medio, y fue introducido en Europa en el
siglo XVI. Las partes más utilizadas de esta planta son
las sumidades floridas.
Toda la planta
es rica en un aceite esencial que contiene timol y carvacrol,
de acción sedante, antiespasmódica y carminativa.
Contiene asimismo flavonoides y ácido ursólico,
a los que se atribuyen sus propiedades antirreumáticas.
Su uso está indicado en los siguientes casos:
Trastornos
digestivos: dispepsia (mala digestión) de origen nervioso,
flatulencia, espasmos o cólicos de los órganos digestivos.
Por su acción carminativa (combate los gases intestinales),
es un buen condimento para legumbres, potajes y pizzas.
Afecciones
respiratorias que cursan con tos seca o irritativa, como la laringitis
(irritación de garganta) o la tos ferina. El orégano
tiene también acción expectorante, béquica
y antitusígena, tanto en uso interno como externo.
Dolores musculares,
tortícolis y lumbago, aplicado externamente tanto en cataplasmas
como en fricciones sobre la piel.
Podríamos
destacar las siguientes acciones farmacológicas del orégano:
a) Antimicrobiano. En el aceite de orégano encontramos
timol y carvacrol cuyos principios activos poseen capacidades
bactericida y funguicidas.
b) Anticatarral. Ayuda a eliminar mucosidades de las vías
respiratorias gracias a su capacidad expectorante.
c) Digestivo. Estimula las secreciones digestivas y es
ingrediente común en la cocina mediterránea.
d) Antiespasmódico. Estimula el flujo de la bilis,
evita flatulencias y ayuda a calmar los músculos digestivos.
e) Antioxidante. Uno de sus componentes, el timol, es un
potente antioxidante.
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