La
menta, en condiciones normales, se emplea para evitar el picor y
refrescar a nivel tópico; la sensación de frescor
no se produce como tal, ya que la temperatura sigue siendo la misma,
pero la persona a la que se le administra la esencia lo percibe
así. Esto se debe a que el mentol produce una estimulación
de las terminaciones nerviosas sensibles al frío, que dan
lugar a esa sensación. En casos extremos, y por el mismo
mecanismo, se puede producir una suave anestesia local que antaño
se utilizaba para sofocar dolores dentales. El mentol se emplea
como aromatizante y antiséptico.
En niños menores de dos años la inhalación
de vapores de esencia de menta puede provocar asfixia al producirse
un espasmo de glotis, por lo que en estos casos es imprescindible
evitar su uso y sustituir esta esencia por otras que no tengan tales
efectos. También en personas adultas sensibles a esta esencia
pueden aparecer estados de nerviosismo y cuadros
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