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Las mentas,
en general, son un conjunto de plantas similares entre sí,
caracterizadas sobre todo por haber sido empleadas profusamente
como especies medicinales.
El principal
componente de las mentas es la esencia, que puede variar en función
de la raza de la que se trate, la edad de la planta y las circunstancias
en que se haya criado. Las hojas frescas suelen rendir un porcentaje
alto de esencia, más que cualquier otra parte de la planta.
Esta esencia se compone de mentol principalmente, pero contiene
además mentona, cineol, piperitona y otros terpenos.
La menta es tónica, estimulante, estomacal, aromatizante
y carminativa. Todas sus propiedades se atribuyen directamente
al mentol. Esta sustancia es capaz de actuar directamente sobre
los nervios que transmiten la sensación dolorosa, amortiguando
así tal sensación. También actúa sobre
la vesícula biliar ya que activa la producción de
bilis. Todas estas acciones las comparten las mentas en general,
aunque lógicamente unas más que otras, en función
siempre de su contenido en esencia.
La hierbabuena
es muy utilizada para aromatizar un sinfín de platos de
la cocina tradicional de varios países. Los árabes
preparan una conocida tisana a base de té y hierbabuena,
a la que añaden grandes cantidades de azúcar.
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