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La artemisa
es una planta tubuliflora, considerada como una especie de ajenjo,
no solo morfológicamente sino también por sus propiedades
medicinales. Está considerada como una de las plantas medicinales
más antiguas del mundo.
La artemisa florece en verano. De interés farmacéutico
son las extremidades floridas, así como las hojas. Una
vez recolectadas las partes útiles, se desecan al aire
o en secadero.
Según diversos estudios, la planta es especialmente rica
en un aceite esencial que está compuesto por eucaliptol
y tuyona principalmente. También nos encontramos con resinas,
mucílago y en las partes herbáceas se hallan pequeñas
cantidades de adenina y colina. Asimismo, las hojas contienen
vitaminas A,B y C. En general, a la planta se la reconocen propiedades
tónicas y aperitivas, parecidas a las del ajenjo; también
tiene la facultad de provocar y regular la menstruación.
Realmente esta planta está especialmente indicada en casos
de anorexia, digestiones lentas y pesadas y menstruaciones irregulares
o falta de menstruación. Su acción es un poco más
débil que las de otras hierbas de la familia, pero no es
una planta continuada y a dosis superiores a las indicadas puede
provocar trastornos nerviosos e incluso convulsiones, especialmente
en niños. Estos efectos indeseables se deben a la tuyona,
sustancia presente en la esencia. También debe evitarse
su consumo en mujeres embarazadas, pues aunque no está
claro que pueda provocar un aborto sí que puede interferir
negativamente en el desarrollo del nuevo ser. Por último,
hemos de mencionar su acción desinfectante del tracto digestivo,
así como antiparasitario en general, aunque ésta
no es la acción principal de la planta. Hay que recordar
que la planta resulta tóxica en dosis elevadas. El polen
de artemisa puede producir alergia y su uso está desaconsejado
en embarazadas.
En farmacia se puede encontrar, además de la planta troceada,
comprimidos elaborados, extracto vegetal y presentaciones compuestas
junto con otras plantas.
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